Turquía intenta recuperar la influencia del Imperio Otomano

Cómo Turquía intenta recuperar la influencia del Imperio otomano y las consecuencias para la política internacional

Si se despliega un mapa de Medio Oriente, Norte de África, Mediterráneo Oriental y Asia Central, es posible apreciar que Turquía está presente en varios de los conflictos que asolan la región. Hace pocos años, Ankara decía tener “cero conflictos con sus vecinos“. Hoy está presente de forma controvertida en Siria, Libia y Nagorno-Karabaj. Tiene serios problemas con los kurdos en su territorio y en Siria, y una peligrosa confrontación con Atenas por Chipre, y con otros países por recursos energéticos en el mar Mediterráneo. Igualmente, crecen las tensiones con Rusia, Estados Unidos, Israel, la Unión Europea y la OTAN. Durante 600 años, con especial auge en los siglos XVI y XVII, el Imperio otomano dominó desde el sureste de Europa hasta los territorios que actualmente son Austria y Hungría, los Balcanes, Grecia, parte de Ucrania, Irak, Siria, Israel, los territorios palestinos y Egipto. Su poderío alcanzaba Argelia en el norte de África y gran parte de la península Arábiga. El gobierno de Recip Tayyip Erdogan, del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que gobierna desde 2002, ha adoptado una política exterior cada vez más ambiciosa, con el trasfondo mítico de su pasado imperial.

Turquía es uno de los Estados que se formaron tras el fin del Imperio otomano.

Desde 1928, es oficialmente secular. Sin embargo, el islam tiene un fuerte peso en la sociedad y la política. El presidente Erdogan se mostró inicialmente conciliador entre seculares e islamistas, pero ha formado un poder autoritario con marcada orientación religiosa. Entre 2014 y 2016, Turquía promovió la política de “cero conflictos” con los vecinos y la mediación en disputas internacionales. Así mismo, impulsó medidas no militares (soft power), como la apertura de embajadas en África y América Latina, cooperación al desarrollo Sur-Sur, influencia cultural (en particular las telenovelas), coauspició la Alianza de Civilizaciones y fue miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Recordemos que Erdogan fomentó inversiones en los Balcanes y Medio Oriente, y la creación de una zona de libre comercio con Siria, Jordania y Líbano.

Fuente: OCATRY (Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista) www.ocatry.org

Según el escritor turco Nedim Gürsel, en Turquía hay actualmente “una obsesión con el Imperio Otomano“, algo que ve con malos ojos. En el conflicto palestino-israelí, Turquía desempeña un papel importante y contradictorio. Por una parte, es pública la animadversión entre Erdogan y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Israel y Turquía se enfrentaron diplomáticamente en 2010 por la flotilla humanitaria para Gaza que fue apoyada por el gobierno de Ankara. Las buenas relaciones comerciales y militares se redujeron sustancialmente. Turquía apoya la causa palestina y ha criticado a Estados Unidos por trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, en contra de múltiples resoluciones de Naciones Unidas. Bahréin y Emiratos Árabes Unidos (EAU) han reconocido recientemente a Israel y cortado sus ayudas a los palestinos. Ankara ha aprovechado la ocasión auspiciando la primera de una serie de reuniones en Estambul para mediar entre las facciones palestinas enfrentadas de Fatah y Hamas. Turquía, además, apoya a Qatar contra las presiones de Arabia Saudí y EAU, y es crítico del gobierno egipcio por su represión a los Hermanos Musulmanes. Pese a estas divergencias hay indicios de que las relaciones con Israel podrían mejorar.

Proyección de fuerzas

Erdogan ha ido ganando control sobre las fuerzas armadas (tradicionalmente seculares) y adoptó una actitud intervencionista con motivo de la “primavera árabe“, cuando apoyó a los Hermanos Musulmanes en Egipto y a milicias islamistas contra Bashar al Asad en Siria.

Fuente: OCATRY (Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista) www.ocatry.org

Las posiciones de Erdogan se radicalizaron desde el intento de golpe en 2016. Pero la crisis económica y financiera, y la fuerte presencia de refugiados sirios (3,7 millones) ha deteriorado al partido de Erdogan y le ha dado más peso al Partido de Acción Nacional, de corte nacionalista y de ultraderecha. Debemos matizar que diferentes escuelas de pensamiento han promovido desde el final de la Guerra Fría que Turquía tenga una visión expansiva (la estrategia “Patria Azul“) de sus intereses, y compita con las monarquías sunitas del golfo Pérsico por la hegemonía regional. En la actualidad, se habrían fusionado las escuelas islamistas del PJD con la nacionalista, antioccidental y proasiática, en la que coinciden civiles y militares, que propugna la proyección de fuerzas y el establecimiento de bases militares, la reivindicación de derechos marítimos y ganar espacios geográficos, incluyendo varias islas bajo soberanía griega.

Tensiones en el Mediterráneo Oriental

Un informe del Servicio Geológico de Estados Unidos estimó en 2010 la existencia de más de tres billones de metros cúbicos de gas y 1.700 millones de barriles de petróleo en las costas de Chipre, Israel, la Franja de Gaza, Siria y Líbano. Las compañías petroleras ExxonMobil de Estados Unidos, Eni de Italia y Total de Francia descubrieron yacimientos de gas en aguas de Chipre, isla que supone una constante fuente de tensión entre griegos y turcos. “Y aún se están descubriendo campos de gas como los yacimientos de Zhor en costas de Egipto, Leviatán en Israel y Afrodita en Chipre”. “Para los países de la región estos hallazgos son tremendamente significativos”. Y para Europa, posible destino de un futuro gasoducto, el gas del Mediterráneo Oriental es de importancia estratégica. “Ese gas no puede satisfacer toda la demanda europea, pero sí es importante para lograr lo que se conoce como seguridad energética: múltiples fuentes y múltiples rutas”. Las reservas de gas del Mediterráneo Oriental tienen el potencial de llegar al 5% de las reservas globales de gas. Turquía y Grecia son aliados en la OTAN, pero se encuentran en bandos diferentes en muchos temas, como demostró la polémica decisión de un tribunal turco de dar luz verde a la reconversión en mezquita del templo de Santa Sofía en Estambul, un ícono del cristianismo ortodoxo. Hay otra pieza crucial en el antagonismo entre Grecia y Turquía sin la cual no puede entenderse la disputa por hidrocarburos: Chipre. Las comunidades griegas y turcas de Chipre han estado separadas desde 1974. Miles de chipriotas huyeron de sus hogares cuando Turquía invadió ese año el norte de Chipre en respuesta a un golpe militar en la isla respaldado por Grecia. Desde entonces, una zona desmilitarizada administrada por la ONU separa a ambas comunidades. En el norte de la isla está la llamada República Turca del Norte de Chipre, que solamente reconoce Turquía. En el sur se encuentra la República de Chipre, que es miembro de la Unión Europea. Es a este escenario caldeado de disputas históricas que se agregan ahora los hallazgos de hidrocarburos. Y Grecia y Turquía tienen visiones muy diferentes de cómo debe ser explotada la riqueza en aguas cipriotas. Durante la Guerra Fría, Turquía era un fuerte aliado de Occidente como miembro de la OTAN y del Consejo de Europa. Debido a su posición geográfica y sus características culturales, en la que conviven el islam con una fuerte tradición secular, se le consideraba un puente con Oriente a la vez que un muro de contención frente a la influencia de la ex-URSS y, en particular desde septiembre de 2001, del islam político radical. Este esquema no estuvo exento de problemas. Ankara está enfrentada a Grecia, otro miembro de la OTAN, por la soberanía de Chipre desde que Turquía invadió el Norte de esta excolonia británica en 1974.

En 1983 declaró la República Turca del Norte de Chipre, que no ha sido reconocida por la comunidad internacional. Chipre está dividida con una misión permanente de observación de Naciones Unidas. En agosto pasado las tensiones entre Grecia y Turquía renacieron cuando el gobierno de Erdogan ordenó hacer prospecciones de gas en aguas de Chipre que están en disputa con Grecia. Israel, Grecia, Chipre, Italia y Egipto están firmando acuerdos de cooperación para explotar el gas en el Mediterráneo y venderlo a Europa. Turquía considera que tiene derechos sobre esos yacimientos. Alemania está tratando de mediar entre Grecia y Turquía, pero la cuestión ha dividido a los aliados de la Unión Europea (UE) y de la OTAN. Estados Unidos se ha alineado con Grecia. El gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan considera que debe garantizar el acceso de los habitantes del norte de Chipre a la nueva riqueza. El año pasado el gobierno turco envió a aguas cipriotas dos buques perforadores, el Fatih y el Yavuz, y se ha negado a retirarlos a pesar de la condena de la República de Chipre y de la Unión Europea, que calificó la acción turca como ilegal. “Todo el mundo debe aceptar que Turquía y la República Turca del Norte de Chipre no pueden ser excluidas de la ecuación energética en la región“, Las tensiones se agravaron aún más cuando Turquía firmó en noviembre del año pasado un acuerdo con uno de los dos gobiernos paralelos que se disputan el control en la guerra de Libia. El acuerdo, con el gobierno basado en Trípoli, crea una zona económica exclusiva que va desde el sur de Turquía hasta el norte de Libia. Grecia calificó el nuevo corredor marítimo como “absurdo”, ya que se sobrepone a aguas de la isla griega de Creta. Para Erdimis, el acuerdo con Libia obstaculiza los planes de Grecia y otros países de la región para un posible gasoducto de 2.000 km hacia Europa y desafía las zonas económicas exclusivas de Grecia, Chipre y Egipto.

Grecia ha respondido a la escalada de tensión creando lazos estratégicos. “No debemos olvidar que Grecia enfrentó una crisis económica casi existencial durante una década y le quedó claro que es necesario contar con amigos” En la última década, Grecia se ha acercado a Israel como no lo hizo en seis décadas anteriores. Por otra parte, el parlamento griego ratificó hace poco un nuevo acuerdo de cooperación militar con Estados Unidos y Atenas está colaborando con Francia. “Hay además procesos de cooperación trilaterales, por ejemplo, entre Grecia, Chipre e Israel, y entre Grecia, Chipre y Egipto“. “La enérgica política exterior de Turquía” llevó también a actores regionales, incluyendo Grecia, Chipre, Egipto, Israel, Italia, Jordania y la Autoridad Nacional Palestina a establecer en enero de 2019 el Foro de Gas del Este del Mediterráneo, con sede en El Cairo. En el foro hay un gran ausente, Turquía. Para el analista David de Caixal, el foro “aumentará aún más la tensión ya que Turquía se siente cada vez más aislada en la región”. Turquía afirma que, si Grecia extiende sus aguas territoriales de seis a un máximo de 12 millas náuticas, cómo permite la ley internacional, las rutas marítimas turcas se verán severamente afectadas. Además de las aguas territoriales, están las llamadas zonas económicas exclusivas (ZEE), que pueden extenderse hasta 200 millas náuticas. La delimitación de estas zonas busca, según analistas, dar un marco de seguridad legal a empresas de hidrocarburos internacionales para que inviertan en la región. La situación legal es aún más compleja en el caso de la isla de Kastelórizo, que se encuentra a sólo 2km de la costa turca, y es una de los miles de islas griegas. Grecia argumenta que la alerta naval emitida por Turquía incluye áreas que pertenecen a la plataforma continental de Kastelórizo, de acuerdo con la ley internacional. Tanto Grecia como Chipre citan la Convención de la ONU, según la cual las islas tienen sus propias plataformas continentales que aseguran derechos de exploración. Turquía, con una costa extensa pero escasas islas, rechaza este principio. El canciller turco, Mevlut Cavusoglu, afirmó en junio de 2019 que “las islas que están lejos del territorio continental de sus países y más cerca de Turquía no pueden tener una plataforma continental”.

Ankara tiene una carta fuerte ante la UE: la presencia de los millones de refugiados de Siria y otros países que esperan en su territorio la oportunidad de marchar hacia Europa. Ankara hizo un pacto con la UE en 2016 para contener a los refugiados a cambio de 6.000 millones de euros.

La cuestión kurda y Siria

La situación de los kurdos es otra fuente de conflictos con Occidente. La población kurda, alrededor de 20 millones, se extiende a lo largo de cuatro países (Irak, Siria, Turquía e Irán). En el caso turco ocupan parte de Anatolia oriental donde viven alrededor del 55% de los kurdos que representan cerca del 20% de la población total de Turquía. Durante décadas, Ankara ha combatido duramente los intentos independentistas, pacíficos y violentos, de los kurdos. Desde 2015, el gobierno intensificó la represión sobre políticos y miembros de la sociedad civil kurda. En octubre de 2019, tropas turcas entraron en territorio sirio de Idlib y atacaron a las organizaciones kurdas Partido de la Unidad Democrática de Siria (FDS) y su brazo armado, las Unidades de Protección Popular (YPG). Estas combatían contra Estado Islámico con el apoyo de Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Erdogan consideró que la autonomía que tenían los kurdos en Siria podría alentar el secesionismo de los kurdos en Turquía. Estados Unidos anunció en octubre que retiraba sus 2.500 efectivos de esa operación. A partir de entonces, Bashar al Asad reconquistó parte del territorio kurdo sirio y se fortalecieron las relaciones entre Turquía, Rusia y Siria. En octubre de 2019 tropas turcas entraron en el territorio sirio de Idlib y atacaron organizaciones kurdas. Fuerzas turcas y rusas se coordinaron para controlar la región. La OTAN criticó la operación turca y Erdogan contestó que su país puede lanzar acciones de seguridad nacional “sin pedir permiso a nadie“.

El objetivo de Ankara es la milicia kurda de las Unidades de Protección Popular, que lideran las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza kurdo-árabe con la que Estados Unidos trabajó para derrotar a Estado Islámico (EI). Los críticos temen que la ofensiva conduzca a una limpieza étnica de la población kurda que habita en esa zona y posibilite el resurgimiento del autodenominado EI. La operación turca ha golpeado con dureza la zona nororiental de Siria bajo control de las FDS y se ha reportado la muerte de más de 50 civiles a ambos lados de la frontera. Los kurdos han advertido que, si prosigue la ofensiva, ellos no seguirán dando prioridad a la custodia de los militantes de Estado Islámico capturados. El último bastión del territorio dominado por EI en Siria cayó ante las FDS en marzo de 2019. Las FDS aclamaron la “eliminación total” del “califato” de EI, pero advirtieron que las restantes células yihadistas continuaban suponiendo “una gran amenaza” para el mundo. Las FDS también se hicieron cargo de miles de sospechosos de EI capturados durante los últimos dos años de batalla, así como decenas de miles de niños y mujeres desplazados y vinculados con combatientes islamistas.

Más de 40.000 personas han muerto desde que el PKK lanzó una lucha armada en 1984

Estados Unidos pidió la repatriación de los extranjeros, pero la mayoría de sus países de origen se han negado a admitirlos. Ahora, los kurdos se enfrentan a una ofensiva de Turquía, quien quiere crear una “zona de seguridad” de 32 kilómetros al noreste de Siria para proteger su frontera y reubicar a dos millones de refugiados sirios. Las FDS dijeron que defenderían su territorio “a todo coste” y advirtieron que lo que se había ganado contra EI podría ponerse en riesgo. El gobierno sirio, apoyado por Rusia, también continúa prometiendo retomar el control de toda Siria. Hay una arraigada hostilidad entre el Estado turco y los kurdos del país, que constituyen entre el 15% y el 20% de la población. Los kurdos han denunciado en numerosas ocasiones un trato hostil por parte de las autoridades turcas. En respuesta a levantamientos en 1920 y 1930 muchos kurdos fueron reubicados, sus nombres y vestidos tradicionales prohibidos, el uso de la lengua kurda restringido y su identidad étnica negada, designándoles “turcos de la montaña“. En 1978, Abdullah Ocalan estableció el PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán), que reclamó la creación de un Estado independiente dentro de Turquía. Seis años después, el grupo comenzó una lucha armada y, desde entonces, más de 40.000 personas han muerto y cientos de miles han sido desplazadas En la década de 1990, el PKK redujo su demanda de independencia y en lugar de ello pidió una mayor autonomía cultural y política, pero continuó combatiendo. En 2013, se logró un cese del fuego después de llevarse a cabo negociaciones secretas. La tregua colapsó en julio de 2015, después de que una explosión suicida de la que se responsabilizó a EI matara a 33 jóvenes activistas en la ciudad de mayoría kurda de Suruc, cerca de la frontera siria. El PKK acusó a las autoridades turcas de ser cómplices y atacó a cuerpos policiales y militares turcos. Subsecuentemente, Turquía lanzó lo que llamó una “guerra sincronizada contra el terror” contra el PKK y EI. Desde entonces, varios miles de personas, incluidos cientos de civiles han muerto en enfrentamientos en el sureste de Turquía.

¿Turquía está tratando de formar su propia alianza militar?

A las Fuerzas Armadas de Turquía siempre los acompaña el mantra de ser el segundo mayor Ejército de la OTAN (con 355.000 soldados). Es también el décimo Ejército del mundo con mayor número de tanques (2.504) y el decimotercero con más aeronaves (335). Sin embargo, en Ankara saben que eso no lo convierte en más poderoso o apto para la guerra moderna. De ahí que en la última década haya emprendido un ingente proceso de actualización para hacerlo más compacto, tecnológico, independiente de sus aliados occidentales y especializado en conflictos híbridos. Todo con el objetivo de que responda a la imagen que busca Turquía: un país con una creciente influencia para marcar el desarrollo de los acontecimientos en la región. En los últimos tres lustros, Ankara ha invertido más de 30.000 millones de dólares en la creación de un complejo militar-industrial, que se mueve por directrices del Gobierno y ya ha desarrollado tanques propios además de corbetas, helicópteros y misiles de diverso alcance. “El mayor cambio cualitativo ha sido que, actualmente, el 70 % de las armas utilizadas se producen aquí”, afirma Ömer Özkizilcik, del think-tank turco SETA, algo que, según este experto en seguridad, hace al Ejército turco “más resistente ante cualquier tipo de embargo exterior”, como las restricciones a la exportación de material militar decretadas por varios países europeos.

Rebeldes sirios leales a Turquía, en la ciudad fronteriza de Ras al Ain (Siria). NAZEER AL-KHATIB AFP

De esta forma, sus Fuerzas Armadas son cada vez menos dependientes de sus aliados occidentales en el ámbito técnico. Lo que también la hace más independiente política y estratégicamente. “Turquía sigue siendo un importante aliado para la OTAN. Contribuye a sus misiones y operaciones y su posición en clave para los intereses geopolíticos de la OTAN en Oriente Medio. Así que no creo que lo que ocurre en Siria vaya a llevar a la expulsión de Turquía”, “Pero es cierto que lo que está ocurriendo tensa la unidad de la Alianza. En los últimos años la relación de la OTAN con Turquía ha sido turbulenta, por no decir algo peor. Preocupan las tendencias iliberales de Turquía y su adquisición de un sistema de defensa ruso”. Si hace unas décadas, el Ejército turco era considerado una mera extensión de los designios de Washington en la región, hoy, tras sucesivas reformas y purgas, está completamente supeditado al poder civil y Ankara no siente necesidad alguna de pedir permiso para intervenir. En los últimos tres años, las tropas turcas “han adquirido gran experiencia de combate en sus operaciones militares contra grupos terroristas en el interior de Turquía y también en Irak y Siria” Sin embargo, en su actual ofensiva en el norte de Siria, las milicias rebeldes sirias en que se apoya han supuesto más un obstáculo que una ventaja. Han sido entrenadas por el Ejército turco y suponen el grueso de la avanzadilla de sus líneas pues Ankara no se puede permitir ante la opinión pública la pérdida de vidas militares turcas (en las anteriores dos intervenciones en Siria, durante 2016 y 2018, murieron 69 y 54 soldados turcos, respectivamente). “Siguiendo el manual estadounidense, Turquía utiliza a una fuerza asociada en lugar de militares profesionales de tierra”. El problema, es que esta fuerza es “poco fiable” por su faccionalismo, escasa jerarquía y ocasional salvajismo. Debemos que señalar que, “esta dependencia de las milicias sirias ha ralentizado un avance que debería haber sido más rápido, permitiendo que la comunidad internacional reaccione más rápidamente, ahora Turquía tiene a dos superpotencias exigiéndole un alto el fuego”. “Después de mucho tiempo seréis convocados; en un futuro lejano marcharéis contra la tierra [de un pueblo] restaurada de la espada, reunida de en medio de muchos pueblos, contra las montañas de Israel, que han estado desoladas por mucho tiempo [un pueblo] liberado de las naciones, y ahora toda la vivienda segura.” Ezequiel 38:8 (La Biblia de Israel) Destacados académicos pidieron la formación de un ejército multinacional siguiendo el modelo de la OTAN que, según sus defensores, sería “uno de los mayores temores de Occidente” Esto puede parecer una conjetura, sin embargo, el Presidente turco Erdogan ha adoptado esto como uno de sus objetivos, al tiempo que amplía la participación militar de Turquía en la región. El diario Yeni Çağ, un periódico nacionalista turco, publicó un artículo el 28 de octubre de 2020, titulado “El Ejército de Turan” En el artículo, el autor, Ahmet GÜRSOY, pidió la formación de una organización “pan-Turkismo” que incluiría un “Ejército Turano” Bajo el título “Los Estados Túrquicos Deben Unirse: El Ejército Turano Es La Esperanza”, el artículo describe una nueva visión militarista del nacionalismo pan-turco que debido a las realidades geográficas nunca podría materializarse como una entidad nacional contigua. “El sueño eterno de los nacionalistas turcos, la gran patria; el sueño turano puede hacerse realidad en la geografía” “Por lo tanto, puede que no seamos capaces de unir a todos los turcos en la geografía bajo una sola bandera como en los tiempos del imperio. Sin embargo, al transformarnos en entidades legales en todos los ámbitos sociales, podemos unir a todos los turcos bajo una sola bandera, al igual que las empresas internacionales están representadas con la misma bandera en todos los rincones de la tierra. La forma más sorprendente y posible de esto es el Ejército Turano.

Fuente: OCATRY (Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista) www.ocatry.org

Con la decisión de Turquía de comprar el sistema antiaéreo ruso S-400, la era de la diplomacia secreta estadounidense parece haber terminado. Washington reaccionó bloqueando la entrega de los F-35 a Turquía, mientras que este último fue un socio en su desarrollo y fabricación. De hecho, Turquía ha adelantado dinero para acceder a la tecnología. Los estadounidenses se oponen vehementemente a la compra por parte de Turquía del sistema S-400, en particular porque creen que se hizo en detrimento de los suyos, los Patriots. Los nuevos líderes militares turcos, elegidos entre aquellos que no han realizado pasantías en Estados Unidos, están votando por esta adquisición porque responde estrictamente a la seguridad de Turquía. Los militares turcos todavía tienen en mente la agresividad de ciertos aliados del “gran amigo” que orquestó el golpe militar, por supuesto, en nombre de la “democracia”. En los últimos años, hemos sido testigos de un evidente enfrentamiento diplomático entre Turquía por un lado y los Estados Unidos y sus aliados por el otro. Recordemos que Turquía ha dado su primer paso, apuntando a Arabia Saudita y publicando los detalles del asesinato de Jamal Kashoggi. Tras la negativa de Estados Unidos a entregar F-35, negativa que esperaba Turquía, este último se desarrolló de manera similar en sus relaciones directas con Estados Unidos. El ministro de Relaciones Exteriores, Mevlüt Çavuşoğlu, anunció que si Estados Unidos rechazaba la venta de F-35, Turquía adquiriría aviones avanzados en otro lugar. Çavuşoğlu nombró estas alternativas: el Su-35 o el Su-57 ruso. Estas transacciones sientan un precedente absoluto porque es la primera vez que Rusia vende sistemas tan avanzados a un ejército extranjero, miembro de la OTAN. ¿Vladimir Putin es lo suficientemente ingenuo como para ofrecer a sus enemigos su tecnología avanzada? Si logra sacar a Turquía de la zona de influencia de EE. UU., Entonces el juego valdrá la pena. Recordemos que la reciente reunión de Putin y Erdogan es la tercera reunión entre los dos presidentes desde principios de 2019, y que el acercamiento ruso-turco comenzó a fines de 2014 y se aceleró con el fallido golpe de Estado desde 2016.

Volvamos al golpe, que tenía como objetivo de eliminar al presidente islamista Erdogan, enemigo de Occidente y de la Cristiandad y fue solo un intento desesperado por eliminar a un adversario de los Estados Unidos. Unas horas antes, Putin informó a Erdogan de lo que estaba sucediendo y le aconsejó que abandonara urgentemente su casa de vacaciones en Marmaris, 30 minutos antes del ataque de los comandos kemalistas, y que subiera a abordar un jet privado. Según los informes, también puso a disposición un satélite de comunicaciones ruso para liderar a las fuerzas leales restantes. Esta ayuda permitió al 1er ejército turco, comandado por el general Ümit Dündar, ubicado alrededor de Estambul, para revertir el destino del golpe a favor de Erdogan. Dündar se hizo cargo del aeropuerto de Atatürk que estaba bajo el control de los líderes golpistas y aseguró el aterrizaje del avión del presidente constitucional. Sin embargo, las cosas no pueden seguir así indefinidamente porque el presidente turco quiere solucionar rápidamente el problema del PKK, considerado terrorista por su país, pero cuya rama siria cuenta con el apoyo de Estados Unidos. Al mismo tiempo, Erdogan quiere transferir a sus servicios secretos, la gestión de todos los terroristas islamistas que luchan en el norte de Siria, reclutado y armado por Turquía a través de Arabia Saudita, para evitar que sean redirigidos por Estados Unidos hacia otra “Primavera Árabe”. El verdadero objetivo de Erdogan es crear su propio bloque militar formado por Turquía, Irán y Qatar, como contrapeso a una “OTAN árabe” buscada por Estados Unidos. Si, apoyado por Putin, gana el partido que lidera contra Estados Unidos y sus aliados árabes,

¿Está Turquía al borde de la expulsión de la OTAN?

Según una encuesta, la mayoría de los alemanes están a favor de excluir a Turquía de la OTAN, una idea apoyada también por muchos políticos. Sin embargo, no es una opción realista. La operación militar turca en el norte de Siria ha afectado aún más las relaciones con la OTAN. Es por eso por lo que las voces que piden la exclusión de Turquía se hacen cada vez más fuertes. Además de los políticos de izquierda, el líder de la facción del Partido Socialdemócrata alemán, Rolf Mützenich, también cuestionó la pertenencia de Turquía a la OTAN. Amplios sectores de la población alemana comparten este enfoque: en una encuesta realizada por el instituto de investigación de opinión, YouGov, a nombre de la Agencia Alemana de Prensa, el 58 por ciento estaba a favor de excluir a Turquía de la OTAN, mientras que sólo el 18 por ciento estaba en contra.

¿De qué se trata la disputa?

Para el gobierno turco, la operación militar en el norte de Siria ya era un gran éxito: la formación de un Estado kurdo se vio así seriamente obstaculizada. Además, la milicia kurda YPG, clasificada como terrorista por Ankara, está siendo expulsada de la frontera sirio-turca en cooperación con la policía militar rusa. Al mismo tiempo, la misión se encuentra en un claro conflicto de intereses con la mayoría de los países de la OTAN: La misión militar ha fortalecido el llamado Estado islámico y ha facilitado la huida de sus combatientes, según las críticas expresadas constantemente por Occidente. El despliegue también ha fortalecido al mayor rival de la OTAN, Rusia. La llamada operación “Fuente de Paz” ayudó a Moscú a consolidar su supremacía en Siria y a establecerla como “Estado vasallo” del Kremlin. Mientras que la mayoría de los países de la OTAN critican fuertemente la operación turca, Ankara considera la operación como una lucha contra el terrorismo. Más allá de acusasiones, el ministro turco de Asuntos Exteriores esperaría un “compromiso de solidaridad” por parte de los miembros de la OTAN.

Fuente: OCATRY (Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista) www.ocatry.org

¿Cuál son los antecedentes?

Las tensiones entre Ankara y la OTAN han aumentado constantemente en los últimos meses. La disputa sobre el sistema de misiles ruso S-400 demostró la poca confianza que existe actualmente entre el gobierno turco y los socios de la OTAN. Turquía decidió no proteger su espacio aéreo con un sistema de defensa antimisiles estadounidense, y por el contrario, compró el sistema de armamento a Rusia. Occidente argumenta problemas de seguridad. Se teme que el Kremlin pueda acceder a información secreta de la OTAN a través de la tecnología de radar del S-400. Los estadounidenses estaban tan molestos por los actos aislados de Ankara, que incluso le dieron un ultimátum y amenazaron con sanciones económicas. El mismo día que comenzó la ofensiva militar turca, el propio presidente estadounidense amenazó a su homólogo Erdogan con destruir la “economía turca“. Los expertos suponen que el presidente ruso está intentando dividir a la OTAN con su política sobre Turquía.

¿Será Turquía pronto excluida de la OTAN?

La exclusión de Turquía es jurídicamente improbable y casi imposible. El tratado de la OTAN no prevé la exclusión de un país de la alianza transatlántica. Sin embargo, un Estado miembro puede declarar su retirada en conformidad con el artículo 13 del Tratado de la OTAN. “Una exclusión conduciría a la aparición de un nuevo e importante riesgo para la seguridad en la frontera oriental de la UE“. Incluso en las últimas reuniones celebradas a finales del año 2020, las señales no fueron de aislamiento. Todo lo contrario, la importancia estratégica de Turquía ha sido constantemente destacada. No es de extrañar, ya que su situación geográfica convierte a Turquía en un país puente entre Oriente y Occidente. Sin Turquía, la OTAN estaría menos capacitada geopolíticamente para actuar, por ejemplo, en lo que respecta a la lucha contra el terrorismo o al control de los movimientos de refugiados. Además, Turquía tiene el segundo mayor ejército de todos los Estados de la OTAN: una exclusión afectaría gravemente sus capacidades militares de defensa como alianza. Aunque, sobre el papel, Turquía es necesaria para los intereses geopolíticos en la región, pero la Turquía islamista de Erdogan, no es más que un socio del que no puedes fiarte, debido a sus ansias expansionistas y su apoyo a los grupos terroristas en la región pero que necesitas para mantener un statu quo ante Rusia.

¿Dejará Turquía a la OTAN por cuenta propia?

Eso también es poco probable. Existe una dependencia mutua entre la alianza y Turquía. La OTAN está abriendo una plataforma de diálogo entre Ankara y los países más poderosos. Además, Turquía está muy aislada en términos de política exterior. Nada lo demuestra mejor que la operación militar en el norte de Siria. Toda la comunidad mundial, incluso los Estados árabes musulmanes, se opusieron a la operación.

Intervención en Libia y Nagorno-Karabaj / Moscú y Ankara: ¿aliados o enemigos?

Rusia y Turquía intervienen en lados contrarios de la guerra civil en Libia, el país con las mayores reservas de petróleo de África. En diciembre pasado, el gobierno turco anunció que incrementaría el apoyo militar al Gobierno del Acuerdo Nacional (GAN) de Libia, que cuenta con el apoyo de Naciones Unidas contra la ofensiva liderada por Khalifa Haftar, comandante militar del expresidente Muamar Gaddafi. Haftar lidera una alianza de milicias, alguna de ellas islamistas radicales, denominada Ejército Nacional Libio. El GAN controla la parte occidental del país gracias al apoyo militar turco y de Qatar, Italia y los Hermanos Musulmanes. Ankara financia mercenarios sirios. El general Haftar es apoyado por los EAU, Egipto, y Jordania. Por su parte, Rusia paga a aproximadamente 1000 mercenarios, según Sylvie Kaufmann, directora de Le Monde. Francia y Turquía se han enfrentado debido al papel ambiguo de París, pero inclinándose en favor en Haftar, tratando de establecer una alianza con Rusia. El gobierno de Emmanuel Macron tiene también disputas con Ankara por el acceso a fuentes de energía en el Mediterráneo oriental. A cambio de su apoyo, Turquía ha obtenido del frágil gobierno libio la creación de una zona marítima exclusiva en el Mediterráneo, con el fin de competir con los proyectos de Grecia y Chipre. Nadie, además, respeta el embargo de armas decretado por Naciones Unidas. En febrero del año pasado, del 2020, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, manifestó su frustración acusando a Egipto, Turquía, Rusia y EAU por romperlo. Un desafío para los intentos rusos de mantener su hegemonía en el antiguo espacio soviético lo representa la política turca en Nagorno-Karabaj, territorio que se disputan Armenia y Azerbaiyán.

Fuente: OCATRY (Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista) www.ocatry.org

Reconocido internacionalmente como parte de Azerbaiyán, tiene una mayoría de población étnicamente armenia. En septiembre pasado, fuerzas de azerbaiyanas intentaron recuperar zonas capturadas por Armenia en los enfrentamientos ocurridos entre 1992 y 1994. Rusia mantiene un delicado y controvertido equilibrio, facilitando armas y mediación, entre las dos partes. Pero Moscú se encontró con que Turquía, que siempre ha apoyado diplomáticamente a Azerbaiyán, ahora le estaría facilitando armas y, según algunas versiones, financiando mercenarios sirios. Las relaciones geopolíticas entre Rusia y Turquía han girado desde el siglo XXI alrededor del control de los Balcanes, el mar Negro, el Cáucaso y la influencia en Medio Oriente. Aunque tienen posiciones diferentes en varios conflictos, comparten una visión estratégica. Tanto Erdogan como Putin consideran que el mundo es multipolar y que sus países merecen, junto con China y otros emergentes, una cuota de poder mayor frente a Estados Unidos y Europa.

Fuente: OCATRY (Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista) www.ocatry.otg

Erdogan y Putin comparten la visión de que el mundo es multipolar. Pinar Tank indica que la nueva alianza entre Moscú y Ankara “no debe ser vista como un reemplazo de la OTAN, sino como una asociación de conveniencia que sirve para proteger los intereses nacionales de las dos partes: el deseo turco de contar con una política exterior más autónoma y el de Rusia de desafiar la relación de Turquía con la OTAN”. Pese a las discrepancias regionales, los dos países tienen una estrecha relación económica. Rusia es el tercer socio comercial de Turquía y su principal proveedor de energía, y le construirá una planta nuclear. En enero pasado, los dos países decidieron seguir adelante con el proyecto de un gasoducto de 930 kilómetros que cruza el mar Negro (y evita el paso por Ucrania) para proveer gas a Europa.

REFERENCIAS

David Odalric de Caixal i Mata
David Odalric de Caixal i Mata

Historiador Militar, experto en Geoestrategia Internacional y Terrorismo Yihadista. Director del Área de Seguridad y Defensa de INISEG (Instituto Internacional de Estudios en Seguridad Global). Director del Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista (OCATRY). Membership in support of the AUSA (Association of the United States Army) Miembro asesor de la Sección de Derecho Militar y Seguridad del ICAM (Ilustre Colegio de Abogados de Madrid). Membership in support of the Friends of the Israel Defense Forces. Miembro del Consejo Asesor del Likud-Serbia (Israel).  Miembro de Honor de la Academia Europea de las Ciencias, Artes y Humanidades.  Analista del Grupo de Investigación del EU-HYBNET (Red Europea en Amenazas Híbridas)